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Qué hacer cuando los demás avanzan y tú te sientes ESTANCADO

¿Nunca te ha pasado? Te miras al espejo y te ves exactamente igual que siempre, incluso menos atractivo y con alguna arruga recién estrenada. Quizá conociste a este ser aburrido cuando aquel amigo superpreparado, doctorando en Ingeniería Aeronáutica y políglota (el esperanto solo lo aprendió por hobbie), decidió comunicarte que trabajaría en Tokyo. Y él no es el único. Es entonces, con aquellas metas en las pistas de otros corredores, cuando te das de bruces con tu vida. Y duele, vaya que si duele. ¿Quién eres? ¿Que has hecho? ¿Qué narices te pasa? Desde Psicología en Positivo, Beatriz Valera tiene algunas respuestas, aunque quizá no te las esperes. Todo se centra en dos palabras: autoestima y asertividad. Te faltan ambas y por eso estás amargado.

“La asertividad parte de la idea de tener en cuenta las necesidades propias a la vez que se tienen en cuenta las de otras personas”, cuenta Valera. Es decir: haz lo que te gusta, pero no seas demasiado egoísta. En este sentido, las personas que nos rodean son importantes y deben comulgar con nuestra forma de pensar. “Cuando una persona no se ‘atreve’ a perseguir sus sueños o los deja a un lado, suele ser porque durante su vida se ha rodeado de personas inadecuadas que no suman, sino restan”, afirma la psicóloga. Ante esto, “se debe tomar la determinación de ver qué personas aportan y seguir manteniéndolas. Por contra, a las personas que restan se las debe sustituir por otras que sean escogidas por sus valores, cualidades…”. El apoyo de otros y la empatía resultan clave para alcanzar la autorrealización.

Por otro lado, también está la falta de autoestima. Sentirse inferior a los demás puede dejar escapar ese avión a Boston para relanzar tu carrera, donde seguro que te esperarían con los brazos abiertos. Sin embargo, no aplicar a esa oferta de trabajo o pasar de ese examen porque “seguro que no tenías el nivel” te ha relegado a tu actual decepción vital. Beatriz Valera, reforzando su teoría sobre la autoestima, nos deja un consejo: “Cuando arriesgas, tienes el 50% de probabilidades de que salga bien, pero cuando no persigues tus sueños, el porcentaje de acierto se reduce a 0%”. La frase “el que no arriesga ni pierde ni gana” es tan real como tu vida actual, es decir, aceptable y abocada a una terrorífica estabilidad.

 

Ante la falta de estas dos dosis de optimismo y posibilidades, la vida de uno puede alcanzar el temible estado del conformismo. El conformismo conduce al estancamiento, tanto en la vida laboral como personal. ¿De verdad eres feliz con tu pareja? ¿Ese trabajo es todo lo que esperabas de tu vida profesional? Querías ser dibujante de cómics, pero acabaste echando raíces en aquella empresa de publicidad destinada a anuncios de talleres y ferreterías. Hoy, viendo a muchos de los tuyos alcanzando sus sueños, no te queda más remedio que cambiar, ser asertivo e insuflar aire a tu autoestima, que ya está harta de agazaparse debajo de la mesa. ¿Qué tienes que perder? 

 

Para ello, te recomendamos analizar cada punto de tu vida que no te satisfaga. Cambiar de golpe no es sinónimo de insensatez: muévete, decide, toma las riendas de tu vida. ¿Te gusta la ciudad en la que vives? Si no te ata nada, busca trabajo fuera, pide una excedencia y cumple uno de esos sueños que parecían prohibidos. ¿Detestas tu físico? Nada te impide salir a correr y comprarte ropa que no te haga parecer un vendedor de lotería; quiérete un poco. ¿Quieres a tu pareja? Da el siguiente paso y vivid juntos. Si no la quieres, ya sabes: nadie debe impedirte cumplir tus metas, ni siquiera él/ella.